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Antonio Morales Méndez. Alcalde de Agüimes
La
desolación del paisaje social y económico de Canarias es brutal. En
distintas ocasiones he ido aportando datos sobre la penosa realidad que
vivimos, en un intento de llamar la atención sobre la necesidad de
provocar un debate público que nos permita romper la dinámica de
apatía que se ha adueñado de una gran parte del sentir colectivo, de
los hombres y mujeres de esta tierra.
En estos momentos, Canarias se acerca
irremisiblemente a los trescientos mil parados, casi un 30% de la
población activa, la tasa más alta, además de soportar el mayor peso de
temporalidad en la contratación; catorce de cada cien hogares canarios
tiene a todos sus miembros en el paro, el porcentaje más alto del país;
en los últimos meses hemos perdido diez puntos del PIB, muy por encima
de la media española; el nivel de endeudamiento familiar y empresarial
es más del doble que el del resto de España, que es a su vez el país
más endeudado de Europa; hemos perdido igualmente el 70% del ahorro
fiscal; donde más cara sale la cesta de la compra es en esta Comunidad;
el empobrecimiento de nuestras administraciones públicas es muy
superior al del resto del Estado; estamos a la cola en el Indicador de
Confianza Empresarial; en el último año han cerrado más de veinte mil
empresas canarias; un 3% de nuestra gente se encuentra por debajo del
umbral de la pobreza y un 4% sufre de pobreza severa; más de cuatro mil
personas duermen en la calle y más de dos mil de nuestros niños viven
en pisos tutelados; más de cuarenta mil familias dependen de
prestaciones sociales para subsistir…
El Gobierno
central, en el documento “Estrategia integral para la Comunidad
Autónoma de Canarias”, más conocido como Plan Canarias, y en el
apartado de justificación de una pretendida actuación especial para
este archipiélago, señala que la renta disponible de las familias en
Canarias es menor que en el resto de España, “siendo una de las
comunidades con mayor proporción de hogares viviendo bajo la línea de
pobreza”. También hace referencia al último informe del Consejo
Económico y Social que señala que está aumentando la proporción de
hogares más ricos y más pobres, y por tanto, disminuye la proporción de
hogares de ingresos medios y señala, además, la más elevada tasa de
fecundidad de las jóvenes entre 15 y 19 años, la cifra más alta de
hijos de madre soltera y la mayor tasa bruta de divorcios de toda
España.
A todo esto se suma que el nivel
educativo de la población canaria presenta un déficit alarmante, hasta
el punto de que el informe PISA nos sitúa a la cabeza del fracaso
escolar, con un porcentaje de graduados universitarios 18 puntos por
debajo de la media estatal. La tasa de abandono escolar es mucho más
elevada que la media española.
Si a esto le
sumamos que nuestra Sanidad esta a la cola, que el sector primario es
cada vez más residual y por debajo de la media española, al igual que
ocurre con la Industria, y que el Turismo atraviesa momentos de
retroceso e incertidumbre -lo que no sucede con la corrupción donde
ocupamos los primeros lugares junto con Baleares- y que los incentivos
del REF sobre la inversión privada en el impuesto de sociedades (RIC,
deducción por inversiones, etc) van a sufrir una caída histórica del
64%, el panorama es realmente desalentador y especialmente preocupante.
Mientras estos datos nos golpean con dureza
cada día, el abandono del Gobierno central y el entreguismo del
autonómico son de juzgado de guardia. Como muestra de ello voy a
referirles los cuatro últimos hechos que revisten singular gravedad y
que nos hablan de la marginación de esta tierra y de la incompetencia
de los que la gobiernan.
El nuevo sistema de
financiación autonómica, que se aprobó en el Consejo de Política Fiscal
y Financiera el pasado mes de julio, desde el desprecio del Gobierno de
Zapatero y la ineptitud y complicidad del Gobierno canario, hace que
Canarias se sitúe 250 euros por persona y año por debajo de la media
española, lo que nos lleva a una pérdida de 500 millones de euros
anuales durante, al menos, la próxima década. No sólo nos tragamos la
cacareada deuda histórica sino que aceptamos una financiación que nos
margina y profundiza en la diferencia negativa con respecto de la
media española.
Otro tanto ha sucedido con el
llamado Plan Canarias, que no ha resultado sino una representación
teatral, con una extraordinaria puesta en escena eso sí, pero que no
significa sino la traslación a un documento único de las distintas
actuaciones programadas en los presupuestos por los diferentes
ministerios, sin prácticamente novedad alguna, salvo el enunciado de
propuestas rimbombantes sin ficha financiera definida. Es decir, de
plan extraordinario nada, a lo sumo un refrito de los distintos planes
en marcha de carreteras, costas, puertos, aeropuertos, las
tradicionales ayudas al transporte, las deudas públicas de los
cabildos, los créditos ICO… En definitiva, un auténtico bluf que en
absoluto contribuye a la mejora de nuestra economía ni a romper los
desequilibrios con la mayoría de las comunidades del Estado. Y encima
tenemos que soportar a Manuel Chávez, ante el silencio cómplice de todo
el mundo, acusándonos de jugar al victimismo, o a la jacobina Rosa Diez
que nos reprocha los logros históricos del REF.
Unos
día después, la presentación de los Presupuestos Generales del Estado
viene a hacer hincapié en el ninguneo y el desprecio hacia Canarias.
Desde el incumplimiento de la Ley 20/1991 de modificación de los
aspectos fiscales del REF, que obliga a que la inversión en Canarias
esté en la media estatal y a diferencia de la mayoría de las
comunidades con un índice de paro mucho menor y con un PIB
considerablemente por encima del nuestro, nos colocamos a 140 euros
por habitante por debajo de la media estatal.
Al
tiempo, el Gobierno canario presenta unos presupuestos en los que
recorta sensiblemente los recursos a áreas de especial trascendencia
como las de Sanidad o Educación para pagar indemnizaciones que superan
los 250 millones de euros (Tebeto, Montaña Rayada, moratoria…) fruto de
actuaciones políticas dudosas y de irresponsabilidades administrativas,
al margen de actuaciones judiciales cuestionables.
Es
la dura realidad. Estamos avanzando hacia un gravísimo deterioro
socioeconómico que se traduce en un empobrecimiento general de la
sociedad y que compromete, al tiempo, la seguridad financiera del
sector público. Mientras nos encontramos, por un lado, con el
desprecio secular de los gobiernos centrales, sea cual sea el color,
que actúan de la misma manera utilizando a su gusto a sus
organizaciones insulares, a las que relegan hasta el infinito sin que,
a su vez estas se atrevan a plantar cara a Ferraz o a Génova; por otro
lado, nos encontramos con un pretendido nacionalismo de ocasión que
sólo juega a sostenerse en el poder sin importarle en absoluto
hipotecar el futuro de las nuevas generaciones de canarios.
Lo
vuelvo a repetir. ¿Seguiremos de brazos cruzados? Es el momento de
ocupar la realidad por parte de la sociedad comprometida. Sólo desde
un amplio consenso de las fuerzas políticas y sociales de carácter
progresista, que asuman la máxima de Carlos Fuentes de que “no puede
haber globalidad que valga sin localidad que sirva”, podremos hacer
posible un modelo de futuro distinto para esta tierra. Ahora, más que
nunca, es necesario el compromiso. Está en nuestras manos, o a lo mejor
no, al fin y al cabo forma parte de la estrategia el desarmarnos,
desmotivarnos, decepcionarnos y desvertebrarnos.
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